¿Y si empiezo a decir “SÍ”?

Recuerdo que cuando empecé con mis sesiones de terapia cada vez que mi psicóloga me proponía algo nuevo para hacer empezaba a soltar una ristra de “no-no-no-no-no” que acabamos bautizando como la “metralleta del no“. Hasta aquel momento no me había dado cuenta cómo ante una situación que me suponía una amenaza mi mente se disparaba en la negación (de ahí lo de la metralleta) y mi boca empezaba a escupir “noes” que me servían de parapeto. ¿De parapeto para qué? ¿Para seguir anclada haciendo lo de siempre que ya sabía que no funcionaba? (está claro, si me hubiera funcionado no hubiera ido a terapia)

“El que quiere hacer algo consigue un medio; el que no, una excusa”

Proverbio árabe.

Desde entonces, cuando alguien se escuda delante de una propuesta de algo nuevo con un simple y rotundo “no” me veo reflejada en esa persona e intento ayudarla a que se resquebraje como el cascarón de un huevo. Lo malo es que, como todos sabemos, los huevos no se rompen nunca desde fuera si queremos que el polluelo sobreviva pero me sirve de refuerzo para recordarme a mí misma que tengo que ir añadiendo “síes” a las nuevas situaciones.

Tenía un conocido un poco irreverente que, cuando hablábamos de la zona de confort siempre decía “es una mierda, pero es mi mierda” y me parece tan genial como incuestionable. Salir de la zona de confort cuesta porque, aunque no nos aporta nada nuevo (de hecho, lo que nos aporta casi siempre es insatisfacción y tristeza) es una zona conocida donde nos manejamos más o menos bien hasta que un día se despedaza y nos deja con las miserias al descubierto. Como decía el otro día, las situaciones de crisis nos ayudan a crecer, es cierto, pero también dan mucho miedo. Lo desconocido aterra, es así de fácil.

Empezar a decir “” no es vencer el miedo: es ver ese miedo, cargárselo a la espalda y ver qué pasa si pruebo otra cosa para ver si funciona. Si no funciona, siempre puedo volver al punto inicial (aunque eso no pasa habitualmente, claro). La típica frase de “el no ya lo tienes” es de una lógica aplastante pero a veces uno prefiere la incertidumbre de un “no sé” que la certeza de un ““.

“La acción cura el miedo, la inacción crea terror”

Douglas Horton

Con la meditación he conseguido analizar cómo los “noes” provenían de prejuicios, miedos infundados, inseguridades y otros escudos varios que no me permitían moverme de lo de siempre. Sigo diciendo muchas veces “no” cuando debería decir “” pero al menos lo reviso y, en algunas ocasiones, cambio de opinión y me lanzo de cabeza ver qué pasa. La metralleta la tengo en el trastero, de momento, por si algún día tengo que desempolvarla (que espero que no)

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