CONSEJOS PARA RECONECTARNOS

Hoy me he levantado organizada y me ha dado por hacerme esquemas mentales de lo que creo que necesito para conectarme tanto conmigo misma como con el resto de las personas. Así que aprovechando la inspiración he pensado en escribirlo y cuando se me pase la inspiración (cosa que ocurre a menudo) siempre puedo recurrir a este texto. A ver qué tal me sale…

MEDITA. Busca un espacio diario para estar contigo de manera consciente. Sin excusas de falta de tiempo (se puede meditar incluso en el trayecto de camino a casa) ni de pereza.

AMA. Hazte el propósito de relacionarte contigo mismo y con los demás desde el amor. Cuesta, claro que cuesta, tanto lo uno como lo otro. Pero el secreto está en poner atención en la práctica y al final vemos que lo contrario no nos lleva por buen camino.

ACEPTA. Abraza tu imperfección y la de los demás. Si lo supiéramos hacer mejor, lo haríamos. Todos somos aprendices. Todos nos equivocamos. Todos tenemos una visión personal de las situaciones, las personas y las relaciones y eso nos condiciona en todo lo que hacemos, decimos y sentimos.

¿Por dónde empiezo?

Se trataría de hacer algo así como una valoración de todos los elementos de nuestra vida.

¿Qué pienso? Es importante poner atención en lo que nos decimos, en lo que pensamos y razonamos porque ese discurso interno condiciona, y mucho más de lo que creemos, nuestra vida cotidiana. Lo primero y más importante, es DARNOS CUENTA de que nos decimos cosas. Al principio de darse cuenta de esto, lo más habitual es enfadarnos con ello. Es importante no juzgarnos, porque llevamos toda la vida haciendo las cosas de otra manera y no sabemos hacerlo mejor. Solo es poner atención en lo que nos decimos y dejar de darle tanta cancha a esa vocecita tormentosa que se pasa el día incordiando.

¿Qué siento? Ver lo que sentimos y aceptarlo es un proceso largo y doloroso. Sobre todo cuando el sentimiento nos lleva a ver aspectos de nosotros mismos que no nos gustan: la rabia, los celos, la envidia, el miedo… Siempre intentamos tapar a los demás ese tipo de emociones, incluso nos las negamos a nosotros mismos porque nos creemos en la necesidad de ser perfectos. El secreto está en dejarnos sentir y aceptarlo. Solo aceptando la emoción seremos capaces de elaborarla.

¿Cómo respondo? Ante una situación amenazante o complicada ¿Que reacción tengo? ¿Es similar en todas las situaciones? ¿Me arrepiento de haber actuado de esa manera porque me ha comportado problemas? Si cada vez que tenemos una discusión nos sentimos mal después, repasamos constantemente e intentamos corregir lo que hemos dicho o hecho es porque nuestra respuesta ha estado condicionada por las emociones del momento y no lo hemos gestionado de la mejor manera.

Una buena manera de trabajar esta reactividad es darse cuenta de que se está produciendo una situación que nos puede llevar a conflicto y parar un segundo a reflexionar: se trata de respirar, valorar el momento y lo que sentimos y responder a la situación de manera más efectiva. (¡Facilísimo! ¿A que sí? ¡Claro que no! ). Llevamos toda la vida actuando de una manera determinada y cambiar nuestras creencias, nuestros mecanismos internos y nuestras miserias de un día para otro son la tarea más complicada que existe. Lo que sí es cierto que algunas de estas situaciones conflictivas las podemos anticipar. Y el hecho de poder anticiparlas nos permite trabajarlas, precisamente desde la atención, intentando que al menos no nos coja por sorpresa ese torrente de emociones que nos va a condicionar en la respuesta. Al anticiparnos, estamos facilitando que el piloto automático no se dispare tan rápidamente y podamos modificar nuestra respuesta al menos en parte. Si al final no lo conseguimos, sobre todo, es importante no castigarnos ni entrar en el autoreproche. Como hemos dicho, lo hacemos lo mejor que podemos.

¿Qué pasa con mi cuerpo? ¿Cómo me relaciono con él? ¿Estoy atenta a sus necesidades y peticiones de descanso, alimentación y cuidado en general? ¿Cómo reacciona mi cuerpo ante determinadas emociones? ¿Que partes de él se ven alteradas? ¿Pongo atención a los mensajes que me envía (dolor, sintomatología de alguna enfermedad)? Vivimos con un cuerpo adormecido y entramos en contacto en pocas ocasiones a lo largo del día. Ignoramos los mensajes de alerta o los eliminamos para poder seguir viviendo nuestra rutina cotidiana. Y ante situaciones de estrés, nuestro cuerpo nos puede ofrecer mucha información útil para anticiparnos en nuestra respuesta. Es importante que nos relacionemos con nuestro cuerpo de manera más consciente, que lo reincorporemos a nuestro ser y nuestro día a día.

¿Sé perdonar (me)? ¿Qué tal se me da esto de pedir perdón cuando hago daño a alguien? ¿Detecto con facilidad las situaciones en que tengo que hacerlo? ¿Me permito perdonarme cuando cometo algún error? Pedir perdón es un ejercicio complicado para el ego. Normalmente nos es complicado aceptar nuestros errores y aún más reconocerlos ante otra persona. Sin embargo, también se aprende, si se practica. La primera vez que se pide perdón el aguijonazo en el orgullo es tremendo pero automáticamente hay una sensación de alivio que nos afloja y nos demuestra que ha valido la pena. Con perdonar pasa exactamente lo mismo: nuestro ego está herido y perdonar es una gimnasia emocional que no siempre es posible. A pesar de todo, intentar perdonar y perdonarse es tan terapéutico como pedir perdón y cuando empiezas a practicarlo descubres los efectos al momento. De todas maneras, si no se consigue siempre, no pasa nada. Estamos en la fase de ensayo siempre.

¿Expreso amor? ¿Acaricio, abrazo, beso? ¿Expreso cariño mediante gestos o palabras? ¿Busco momentos para el contacto físico con las personas que quiero? ¿Facilito ese contacto a las personas que me importan? Muchos padres sienten vergüenza en demostrar afecto y eso se convierte en un patrón habitual de los hijos. Las expresiones de cariño se vuelven algo molesto o incómodo que puede convertirnos en verdaderos “vegetales del tacto”. Está demostrado que el contacto físico tiene efectos beneficiosos a nivel de neurotransmisores así que dejémonos llevar por la ternura y acerquémonos a nuestros seres queridos. Apretujemos, besemos, acariciemos más y mejor.

¿QUÉ CONSIGO CON TODO ESTO?

La conexión con uno mismo permite vivir de manera más plena. Eso no quiere decir que todo vaya a ir bien, que desaparezcan nuestros problemas o que vayamos a ser felices por siempre jamás. Lo que quiere decir es que podremos darnos cuenta de muchos elementos de nuestra persona que nos han pasado desapercibidos y que están influyendo de manera directa en cómo vemos el mundo, cómo nos ve el mundo a nosotros y qué hacemos con ello para modificarlo. Solo en el presente podemos cambiar las actitudes, así que no sirve de nada ir al pasado a reprocharnos y al futuro a anticipar lo que podemos hacer. Es ahora cuando tenemos en nuestras manos VER y actuar en función de lo que vemos, sentimos y pensamos. Cuando tomamos plena conciencia de cómo estos elementos están condicionando nuestra manera de actuar en la vida es cuando nos sentimos con poder para cambiarlo. Y si el cambio no nos satisface, siempre podemos volver a lo que hacíamos antes.

Lo que me queda al final de toda esta lista de recomendaciones es que cuando conecto conmigo misma me es más fácil atender a mis necesidades reales; por unos momentos, dejo de alimentar mi ego y puedo verme de manera total y consciente, con lo bueno y lo malo, lo que me gusta y lo que no me gusta tanto para ayudarme a encontrar la mejor versión de mí misma. No conectar parece más cómodo, pero solo se trata de acumular tarea para el día de mañana. Al final, la basurita emocional sale en tromba si no la vamos gestionando periódicamente y los efectos de ese torrente suelen ser devastadores. Así que procuro conectarme cada día para ver qué tal estoy, me pido perdón por los errores cometidos y me repito que mañana lo intentaré de nuevo y con más cariño. Así sea.

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